domingo, 13 de septiembre de 2009

Ella y su testigo

Abre sus ojos algo asustada, como liberándose de un sueño. Luego toma conciencia. Las sábanas de seda aparecen revueltas en su colchón king size. Los rayos de luz penetran la suite, en un contraste de sol y sombra. Otro día comienza en Zona Norte.
El desayuno está listo, todos los diarios se muestra en fila. Los comentarios de rigor con el personal doméstico y los asesores más cercanos. La leche con almendras y los panecillos tipo suizos.
Vestimenta elegante, camioneta blindada y destino programado: inauguración de una escuela en Berazategui. La gente saluda al llegar. Discurso. La gente saluda al salir.
Los simples mortales tenemos un jefe, que a su vez responde a otro. En su caso, su superior inmediato no habita este país. Quizás ni siquiera este mundo. Los profesores de Cívica nos tiran la entelequia: “el soberano es el pueblo”.
Ella se sabe inteligente. Sus discursos sin guión, su elocuencia al hablar. Despierta la admiración y la envidia de los oradores más reconocidos. Lo cierto es que se pone en juego aquello que los hombres ricos y aburridos persiguen a toda costa: el poder.
Hablamos del arte de decidir. Hablamos de carisma. Algunos se perjudicarán, otros sacarán ventajas.
Pero no es mi intención entrar en ese debate. Alguien ya pronunció la frase. La historia juzgará.
Mi trabajo me obliga a estar cerca de ella. La he visto en situaciones inimaginables para el común de la gente. La vi llorar. La vi reír. Escuché autocríticas y reproches a su propio accionar.
Quise acercarme. Decirle que ésa es la faceta que tiene que mostrar. Que así es como tiene que presentarse ante la gente. Humana. Falible. Comprometida con las prioridades. Deberías sacarte esa coraza que te protege y ser vos misma. No nos peleemos entre nosotros. Tenemos que darle todos juntos para adelante.
Pero no tuve el coraje. Quién soy yo para aconsejarla. Un simple funcionario de tercera línea.
Hace poco me habló. Estaba charlando con un asesor y se mostró molesta con un comentario. Dijo que no cree en la religión ni en soluciones mágicas. Cree en Dios y en los hombres. En los argentinos y las argentinas. Me miró buscando aprobación. Asentí y sonreí.
Las oportunidades llegan para todos. En octubre, voy para concejal.

5 comentarios:

El viento a contramano dijo...

Se hizo esperar, pero regreso… ¿será usted concejal o solo será una historia ficticia? me quedan dudas… como con muchos de sus relatos me pasa eso de no saber si es ficción o realidad, y a decir verdad eso lo hace más intrigante… Si es real: saludos a la presidenta (aunque mucho no me caiga en gracia todo eso de la política)…
Me alegra que haya vuelto a postear. Un saludo grande.

Marina dijo...

cuando la vea digale que me caía bien y cada vez peor. que se ataje, por favor. si va para concejal, puedo ser su agente de prensa? gracias.

lachispademimente dijo...

Qué más puedo agregar?
Tuviste la capacidad de expresar pacíficamente aquello que sólo me sale con cierta (o mucha) connotación negativa.
Sólo Dieguito lo podía hacer.
Excelente. Felicitaciones muchas.

Mary Poppins dijo...

gale que de una conferencia de prensa, esa con preguntas. Dele!

lo estoy leyendo

Maxi dijo...

Interesante, el juego del poder no sabe de arrepentimientos, y toda decisión tenderá a favorecer a algunos y otros pegarán el grito en el cielo.
El punto es saber acompañar, y ver el lado humano de todo personaje, por más poder que maneje, todos lo tenemos.
Gracias Varón, y que la concejalía sea sólo el comienzo.
Lo invito a ver mis posteos sobre política, que van de la mano con lo que escribe, no juzgar tan velozmente, están en juego cuestiones que no logramos entender completamente, y ahí reside lo interesante de la política.
Saludos!

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