jueves, 15 de noviembre de 2007

La confesión del Carnaval

Situación: un grupo de amigos integrado por chicas y chicos promulga una ley. No serán permitidos los romances entre sus miembros. La norma es ideada por el Cordobés, un hombre firme en convicciones y coherente en su accionar.
Una foto rebela lo inevitable: avenida Entre Ríos, un beso a escondidas, la tentación de lo prohibido.

Reacción desmedida por parte de una joven integrante del grupo, quien pide aclaraciones de manera urgente.

El Varón, desde los misteriosos muros de la inspiración, se ve forzado a escribir. Sus dedos maltratan un teclado que se queja a ruidos. La carta, dirigida a todos sus amigos, dice algo así:


”Gi Mariscal,

No entiendo esta reacción desmedida ante un beso inocente. Y lo digo
como protagonista masculino de una historia que podría desplomar de un
infarto al mismísimo Cordobés.
Si dos noches intensas de carpa no fueron suficiente para pervertir un
grupo, qué más hay que hacer? No sé si hubo amor entre talentos, pero
déjenme decirles que dos de las mejores noches de mi vida las pasé
entre 4 lonas (porque no había paredes). Una en el 2006, otra en el
2007. Sí, veníamos entusiasmados con la fiesta visual que representó
el carnaval. Sí, sabíamos que éramos amigos. Sí, conocíamos la ley
cordobesa. Pero nada importó. Gracias Gisele.
En nombre del Kamasutra y el sexo salvaje, pedimos disculpas a todo el
grupo. Aseguro que la amistad fue más fuerte y abandonamos nuestros
impulsos más primarios en pos de una unión fraternal que da esperanzas
a millones de jóvenes en todo el territorio nacional.
Sólo quiero decirles que cuando el fin llegue a nuestros días, cuando
una ola gigante nos tape por demás, cuando se despierten los
dinosaurios y nos coman vivos, cuando pierda Racing, voy a pensar en
vos. Porque en el momento de la muerte hay que proponer vida. Y vida
eres tú, Gisele Romina Mariscal, LU 104289. Hay tatuajes que no llevan
piel porque nacen por dentro. Y en mi corazón hay un dibujo tallado a
mano. Bombea sangre, bombea amor. Está allí, entre el correr de los
latidos, entre mi fuerte suspirar: es el tatuaje de dos madrugadas, de
dos cuerpos.
Sólo resta agradecer y concluir. No enojarse por un beso de amigos.
Sólo disfrutemos en silencio del placer de ver estrellas en un lugar
cerrado. Un pequeño ambiente que nos separó unos instantes del grupo,
de Gualeguaychú y de Argentina y que nos llevó a lugares nunca antes
conocidos por el alma humana.

Sin más, firmo esta carta con las palabras de siempre.
Todavía me siento parte del grupo. Visiten mi blog.”

El Varón poeta


2 comentarios:

Lau dijo...

cuánta frescura en su relato..!

salutes Varón!

acróbata dijo...

Varon ponedor, carajo!
abrazo.

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